Por:
Camela.
Madeleine pasó la noche observando el rostro de Vincent a través del cristal del ataúd, y mientras lo hacía, su piel y su mente experimentaron un retrospectivo trance de recuerdos concupiscentes, de aquellos primeros días en el hotel Victoria; aquel hotel en particular, porque su vieja estructura le añadía a sus encuentros un aire que evocaba los auténticos romances de algún pasado.
Viéndolo allí tan indefenso y mustio, recordó extenuantes encuentros, su cuerpo cansado de cara hacia el techo, sus ojos cerrados, su sexo adormecido y sus manos descansando, -como ahora- sobre el pecho.
-Tienes alma de puta- le decía Vincent mientras ella galopaba sobre él como una indomable amazona; Madeleine lo miraba con asentimiento, con una mirada enrarecida por la lujuria y luego, lo observaba como ahora, exhausto e indefenso después de largos encuentros; quizás fueron estos los únicos días de aquella felicidad efímera que pronto encontró su ocaso, dando paso a la resignación.
Una ligera humedad producida por aquellos recuerdos en el hotel Victoria, la devolvió a un presente frío, a aquel cuerpo mortecino que comenzaba ya a emanar los hedores de la muerte.
Madeleine sintió vergüenza por aquella inescrupulosa frivolidad y se alejó del ataúd en una actitud ingenua; se reunió con Florence y Cristine en el sofá; éstas la recibieron con una sonrisa lastimera. En el salón solo se encontraban algunos amigos de Vincent y unos cuantos curiosos que no perdieron de vista cada movimiento de Madeleine.
Las horas pasaron y los primeros rayos del sol se abrieron paso entre la calina matinal.
Pronto llegó la hora del sepelio y cuando estuvieron a punto de salir con el ataúd , Madeleine subió con presteza las escaleras que conducían al segundo piso y con gran diligencia entró en su habitación y sacó el álbum de fotos del buró, extrajo de este una fotografía y se la metió en el bolsillo de su vestido; luego bajó para reunirse con Florence y Cristine.
En el trayecto hacia el cementerio, sacó la fotografía de su bolsillo y la observó con nostalgia; nuevamente sintió vergüenza por sus pensamientos de la noche anterior, apretó la fotografía contra su pecho y derramó un único par de lágrimas.
En el cementerio, todas las miradas buscaban a Madeleine, que iba indiferente en la inseparable compañía de sus amigas.
La ceremonia fue breve y el párroco apenas dijo lo necesario. Nadie lloró y lo único que se escuchó fueron algunos murmullos.
El ataúd fue bajado lentamente y cuando estuvo en su sitio, Madeleine arrojó una rosa, y también la fotografía, en la que Vincent y ella se ofrecían una reciproca mirada de esperanzas compartidas y felicidades ya olvidadas.
Nadie, ni siquiera Florence ni Cristine le dio el pésame; solo un hombre viejo de barbas blancas, cuyo rostro le pareció a ella familiar, se acercó y le apretó la mano sin decir palabra. Luego Madeleine se quedó sola frente a la tumba, mientras algo o alguien, la observaba fríamente desde los arbustos.
Parezco colegiala luego de salir de un concierto, ¡que euforia!,
En particular, me dejo pensando esto: “Madeleine sintió vergüenza por aquella inescrupulosa frivolidad”…
bueno, denuevo yo escribiendo , no(“criticando”).
bueno, que lesdigo en esta oportunidad, no dejan de sorprederme esos escritos tan buenos, son exelentes, deverian de escribir más amenudo.
en esta oportunidad, me parecio raro, como hablan haci de rapidamente, como en el pasado en el caso 2.
claro pues, que en esta oportunidad, hablaron fue de un hotel humedo y frio.
que, me parecio raro pues, como hablan de rapido de las cosas sin un havizo anterior.
pienso pues, y es solo un pensamiento, que devieron, como de haver transcurrido el tiempo, en cada personaje, como para que cada uno pues tenga una idea clara de como fue la relación entre estos dos personajes.
es bueno el manejo de la espacialidad en la casa, los personajes me parecen exlentes, solo, que como un poco sacados de la T.V.
madelein. o algo asi, como se llama un apelicula, y nombre parecidos, bueno, los nombres no son lo de menos pues
les digo algo.
si los tuviera al frente, les regalaria un nobel de literatura..
no, de verdad, me ha encarretado esta lectura, me saco de lo normal, “casi no leo”.
bueno, y ustedes dicen que yo no vicito los blogs de ustedes, y vean como me he encarretado aqui con esta obra.
deverian de imprimirla y vender un libro.
si.
bueno, esta fuen una + de cosasdeak.wordpress.com
Danilo, mil gracias por leernos, por encarretarte con la novela, no sabes la alegría que me da ver estos comentarios que siempre son bien recibidos.
De Madelaine no puedo decir mucho, el nombre se le ocurrió a don akenaton, pero opino que en estos casos pudo llamarse camila y el problema sería el mismo, creo que cualquier nombre que se nos ocurra, cualquier escenario de casa, etc, es posible que ya esté en una película o en agún libro, yo creo que al intentar hacer una cosa de estas es difícil hablar de originalidad, pero pienso también que en los detalles de cada capítulo, incluso en la multiplicidad de autores esta la propia originalidad de estos escritos… pienso yo, “ligeia”
saludos