V

Por

Akenaton.

De vuelta en la enorme casa, La anciana mujer se dejó caer sobre el mueble de cuero vino tinto. Estaba cansada. Florence y Cristine habían insistido en acompañarla, pero ella se negó. Lo que menos deseaba era la compañía de nadie. Por primera vez, desde que vivía en aquella casa, estaba realmente sola.

Totalmente hundida en el cómodo mueble, intentó silenciar a la voz de su conciencia. No era que estuviese arrepentida, claro que no; pero habría de extrañarlo. Le quiso de una u otra forma durante casi treinta años, pero el afecto no era suficiente; nunca nada es suficiente. Había que pagar las deudas del pasado.

-hubiera sido mejor si no me lo hubieses dicho-murmuró- Debiste olvidar el tema la noche anterior, cuando, luego de preguntarme si te odiaba, no pude evitar huir. Pero tú no eras como yo soy. Tenías que traerlo a colación en la mañana siguiente, empezando exactamente por la misma pregunta. ¡Como si en realidad te importara lo que yo sintiera!

No pudo evitar mirar hacia el cuarto ahora vacío, en donde él había pasado la última década se su vida tendido en una pequeña cama de hierro. Estaba oscuro y solitario, y por la pequeña ventana, entraban aires helados, para susurrarle a Madeleine al oído secretos de amargura.

De pronto le vio. La figura de Vincent había atravesado el umbral y se había ocultado en las tinieblas de la habitación.

Madeleine emitió un gemido sordo, proveniente desde lo mas profundo de su alma. Como un tronco de madera, absolutamente rígida, apresuró a decir: “Padre nuestro que estas en el cielo…” Se levantó sin dejar de rezar y se acercó a la habitación. Al entrar, pudo verle con gran dificultad entre las sombras, sentado en la cama mirando al suelo.

-¿Vincent?

Nadie respondió.

-¿Vincent?

Extendió la mano hacia el interruptor de luz, el cuarto se iluminó totalmente y ella cerró los ojos un instante para protegerlos de la luz. Los abrió lentamente, esperando ver el rostro del hombre desfigurado, o tenebroso, pero no había nadie sentado en la cama.

El teléfono sonó de pronto, fuerte, llenando con ese sonido de campanillas, característico de los teléfonos antiguos, hasta el último rincón de la casa.

Salió con pasos temblorosos del cuarto, y atravesó el vestíbulo. Levantó la vocina, que se movía estrepitosamente entre sus manos, y pronunció con voz quebradiza un tímido “Buenas noches”

Había estado esperando la llamada de la policía. Era apenas obvio que investigarían. Ella no negaría nada. Pagaría por su crimen como Vincent había pagado por los suyos.

Después de hablar con el comandante, quién se identificara con el apellido Cruz, se sentó de nuevo, a esperar que llegara. Le contaría todo. Intentando olvidar la aterradora visión de Vincent sentado en su cama, se pecató de que aún estaba por fuera el álbum fotográfico, del cual había sacado la fotografía que arrojó a la tumba.

Lo tomó, y rompiendo una promesa que hacía meses se había hecho a si misma, se hundió en sus recuerdos; viviendo de nuevo una tarde lejana, durante unas vacaciones cerca a la playa en el hotel Victoria.

3 Responses

  1. Muy bueno y lo mejor es que ahora va tomando cuerpo.
    saludos.

  2. ay que miedo, no me gustaría estar en lugar de Madelaine, al parecer ese hotel fue de esas cosas que le troquelaron jiji.
    me gusta.

  3. puedo quitarle el código html que hay debajo del nombre del autor en los capítulos 4 y 5?, es que en algunos pcs no se lee y se ve feito…
    saluditos rolos chinos.
    att
    insect

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