VI

Por

Diego Magno

Antes de tocar el timbre dudó, estuvo casi a punto de dar media vuelta y marcharse, le parecía un tanto ridículo después de tantos años ir simplemente y visitar a alguien con quien toda relación ya se había acabado, pero sabía que no tenía nada que perder y que a estas alturas de su vida cualquier cosa era un detalle que el tiempo no le permitiría posponer.

Henry había conocido a Madeleine en el hotel Victoria de donde era su administrador; cuando el tiempo en que Vincent la llevaba allí para las vacaciones acabó, y Vincent no hacía sino viajar por el mundo todo el tiempo, Madeleine siguió yendo al hotel sola, caminaba todo el día por la playa y leía en las noches esas novelas de amor que cuando niña le habían mostrado unas historias que creyó un día el destino tendría para ella.

Henry la veía sola todo el tiempo, tan bella, que no era indiferente para nadie aunque nadie tampoco se atrevía a acercársele; a ella no le importaba.

Vacaciones tras vacaciones Henry fue acercándosele, pasaban tanto tiempo juntos y Madeleine se abría tanto a él que no tardó en enamorarse; cuando un día Henry le confesó todo ella le dijo que no, que lo quería, mucho, pero que no era suficiente, que aún Vincent estaba en su vida y que no podría amarlo de verdad mientras así fuera.

Henry no lo entendió, le preguntó si quería más a Vincent que a él y ella dijo que no:

-Vincent no es mas que la persona que me dio un amor ya olvidado, pero, cuando pienso en mí, en ti, y en lo que significa amar, no puedo evitar temer que algo como eso pueda pasar de nuevo.

Henry le dijo que se quedara con ella, que tendrían ese hotel para los dos siempre, que si lo quería de verdad no debía necesitar más; ella dijo que le gustaría mucho pero que no, que eso no era suficiente, que antes de tomar una decisión tendría que pensarlo, que había muchas circunstancias en su vida que tendría que arreglar.

Rebajado a mera circunstancia vio con lágrimas en los ojos como Madeleine se iba del hotel a su casa, a con calma pensar si podría o no prescindir de él; dijo que las vacaciones siguientes volvería y le traería una repuesta, Henry no la quería, el que tan solo lo dudara no podía interpretarlo mas que como una señal de que no lo quería como él a ella.

Pasaron los años y Madeleine nunca volvió al hotel, por eso ahora Henry venía por una respuesta, no porque en verdad pensara que se iría con él, sino porque quería escucharla, solo escucharla. Creía que era algo estúpido y que Madeleine tal vez se lo reprocharía, pero es que no sabía que al otro lado de la puerta ella también estaba pensando en él.

4 Responses

  1. me gusta, aunque el penúltimo párrafo es algo raro… digo yo…

    me alegra pensar, a ratos, que los años pasan y los sentimientos bellos no.

  2. Ujuju…

    interesante…

    ¿Se encontrarán Henry y el señor Cruz en casa de Madeleine?

    “Señorita” Ligeia, espero con ansias.

  3. Pero aunque los sentimientos también con el tiempo pasan, como recuerdos perdurarán en la memoria; eso es lo que siento como simple lector, no como el que lo escribió, si es que tal diferencia puede hacerse, y si no, hagamos como que sí.

  4. excelente, gran trama
    y el proximo pra cuando?
    les felicito

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